Si Usted está próximo a viajar a la ciudadela Inca de Machupicchu, aquí le presentamos algo de información útil que le podria ayudar a la hora de realizar su viaje.
Distrito de Machupicchu, Provincia de Urubamba, departamento del Cuzco, en el kilómetro 112.5 (70 millas), al noroeste de la ciudad de Cusco, Está situada en los Andes surorientales, en el valle del río Huatanay, a 13°09’23” de latitud sur y 72°32’34 ” de longitud oeste del meridiano de Greenwich, Se encuentra a una altitud de 2,450 m.s.n.m. (8,038 pies). Es de 2,490 m.s.n.m tomando como referencia a la Plaza Principal de Machupicchu
Por hallarse en una zona subtropical posee una temperatura que oscila entre los 8º y 22º C. Las temperaturas mínimas son de 8º C a 11.2ºC, aunque pueden llegar a los 0 ºC en las zonas altas. Las mañanas más frías son las de junio y julio donde la temperatura puede llegar a -2° C. (28.4° F). Durante la época de lluvias (noviembre a marzo ) la temperatura es de 16 a 18º C durante el día y menor a 0º durante la noche.
Los meses más recomendables para visitar Machu Picchu son los meses de mayo y junio, pues son los meses más benignos. Llevar siempre paraguas o impermeable, protector solar y bolsas para proteger el equipo fotográfico.En términos generales, de día hace calor y de noche frío. El visitante debe estar preparado para estas violentas fluctuaciones climáticas. Lo ideal es llevar en una pequeña mochila una chompa de lana, mitones y una casaca corta- vientos. Durante el día puede estar con una camiseta de algodón y unos pantalones cómodos para poder desplazarse con tranquilidad. En la temporada seca (mayonoviembre) el sol obliga a llevar lentes oscuros, gorra y crema protectora.Asegúrese también de llevar agua. En época de lluvias (diciembre-abril) es recomendable llevar botas impermeables para caminar, pues el suelo se pone muy resbaladizo. Por la lluvia, además, es preferible guardar los efectos personales y documentos en una bolsa de plástico dentro de la mochila. También sería pertinente llevar siempre una camiseta extra.
La principal forma para llegar a Macchu Picchu es por vía férrea. El tren a Machu Picchu sale del Cusco todos los días desde la estación de San Pedro (Tel. 23 5200), que se encuentra a lado del mercado, en esta zona usted debe tener mucho cuidado con lo las cosas que lleva puesto que la delincuencia es frecuenta. Hay muchos tipos de servicios en lo que respecta al tren (Peru Rail): el Visitandome (antes llamado Autovagón, que es más caro y confortable), el tren de turistas (que comprenden los servicios Inka, Backpacker o “mochielro” y Visitandome) y el tren local (con los servicios del Tren Social y Social Cerrojo). Todos se detienen brevemente en Poroy, Ollantaytambo, Qorihuayrachina (km. 88 e inicio del Camino Inka), en el km. 104 (inicio del tramo corto del Camino Inka o Camino Real) y Aguas Calientes (km. 112). Desde ahí deberá utilizar un servicio de minibases para acceder a Machu Picchu (5 minutos aprox.). El tren local solía continuar hasta Quillabamba. Desde 1998 este tramo se encuentra inhabilitado.
Machu Picchu, es una ciudadela rodeada de misterio porque hasta ahora los arqueólogos no han podido descifrar la historia y la función de esta pétrea ciudad de casi un kilómetro de extensión, erigida por los Incas en una mágica zona geográfica, donde confluyen lo andino y lo amazónico.
Quizás el misterio de Machu Picchu nunca sea develado del todo; hasta ahora, sólo existen hipótesis y conjeturas. Para algunos, fue un puesto de avanzada de la proyecciones expansionistas incaicas; otros creen que fue un monasterio, donde se formaban las niñas (acllas) que servirían al Inca y al Willac Uno (Sumo sacerdote). Esto se presume porque de los 135 cuerpos encontrados en las investigaciones, 109 fueron de mujeres.
La sorprendente perfección y belleza de los muros de Machu Picchu – construidos uniendo piedra sobre piedra, sin cemento ni pegamento- han hecho surgir mitos sobre su edificación.
Cuentan que un ave llamada Kak`aqllu, conocía la fórmula para ablandar las piedras, pero que por un mandato, quizás de los antiguos dioses incaicos, se le arrancó la lengua. También se dice que existía una planta mágica que disolvía la roca y podía compactarla.
Pero más allá de los mitos, el verdadero encanto de Machu Picchu, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, está en sus plazuelas, en sus acueductos y torreones de vigilancia, en sus observatorios y en su Reloj Solar, evidencias de la sabiduría y la técnica de los constructores andinos.
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La quebrada de Picchu, ubicada a medio camino entre los Andes y la floresta amazónica, fue una región colonizada por poblaciones serranas, no selváticas, provenientes de las regiones de Vilcabamba y del Valle Sagrado, en Cusco, en busca de una expansión de sus fronteras agrarias. Las evidencias arqueológicas indican que la agricultura se practica en la región desde al menos el 760 a. C. Una explosión demográfica se da a partir del Período Horizonte Medio, desde el año 900 de nuestra era, por grupos no documentados históricamente pero que posiblemente estuvieron vinculados a la etnia Tampu del Urubamba. Se cree que estos pueblos podrían haber formado parte de la federación Ayarmaca, rivales de los primeros incas del Cusco. En ese período se expande considerablemente el área agrícola “construida” (andenes). No obstante, el emplazamiento específico de la ciudad que nos ocupa (la cresta rocosa que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu) no presenta huellas de haber tenido edificaciones antes del siglo XV.
Hacia 1440, durante su campaña hacia Vilcabamba, la quebrada de Picchu fue conquistada por Pachacútec, primer emperador inca (1438-1470). El emplazamiento de Machu Picchu debió impresionar al monarca por sus peculiares características dentro de la geografía sagrada cusqueña.18 y por ello habría mandado a construir allí, hacia 1450, un complejo urbano con edificaciones de gran lujo civiles y religiosas.
Se cree que Machu Picchu tuvo una población móvil como la mayoría de las llactas incas, que oscilaba entre 300 y 1.000 habitantes20 pertenecientes a una élite (posiblemente miembros de la panaca de Pachacutec)21 y acllas. Se ha demostrado que la fuerza agrícola estuvo compuesta por colonos mitimaes o mitmas (mitmaqkuna) procedentes de diferentes rincones del imperio.
Machu Picchu no era desde ningún punto de vista un complejo aislado, por lo que el mito de la “ciudad perdida” y del “refugio secreto” de los emperadores incas carece de asidero. Los valles que confluían en la quebrada formaban una región densamente poblada que incrementó espectacularmente su productividad agrícola a partir de la ocupación inca, en 1440. Los incas construyeron allí muchos centros administrativos, los más importantes de los cuales fueron Patallacta y Quente Marca, y abundantes complejos agrícolas formados por terrazas de cultivo. Machu Picchu dependía de estos complejos para su alimentación, pues los campos del sector agrario de la ciudad habrían resultado insuficientes para abastecer a la población. La comunicación intrarregional era posible gracias a las redes de caminos incas: 8 caminos llegaban a Machu Picchu. La pequeña urbe de Picchu se llegó a diferenciar de las poblaciones vecinas por la singular calidad de sus principales edificios.
A la muerte de Pachacútec, y de acuerdo con las costumbres reales incas, ésta y el resto de sus propiedades personales habría pasado a la administración de su panaca, que debía destinar las rentas producidas al culto de la momia del difunto rey. Se presume que esta situación se habría mantenido durante los gobiernos de Túpac Yupanqui (1470-1493) y Huayna Cápac (1493-1529).
Machu Picchu debió perder en parte su importancia al tener que competir en prestigio con las propiedades personales de los emperadores sucesores. De hecho, la apertura de un camino más seguro y amplio entre Ollantaytambo y Vilcabamba (el del Valle de Amaybamba) hizo que la ruta de la quebrada de Picchu fuera menos empleada.
La guerra civil inca (1531-32) y la irrupción española en el Cusco en 1534 debieron afectar considerablemente la vida de Machu Picchu. La masa campesina de la región estaba compuesta principalmente por mitmas, colonos de diferentes naciones conquistadas por los incas llevados a la fuerza hasta ese lugar. Ellos aprovecharon la caída del sistema económico cusqueño para retornar a sus tierras de origen. La resistencia inca contra los españoles dirigida por Manco Inca en 1536 convocó a los nobles de las regiones cercanas a integrar su corte en el exilio de Vilcabamba, y es muy probable que los principales nobles de Picchu hayan abandonado entonces la ciudad. Documentos de la época indican que la región estaba llena de “despoblados” en ese tiempo. Picchu habría seguido habitada y el registro de su existencia como lo prueba que fuera considerada una población tributaria de la encomienda española de Ollantaytambo. Eso no necesariamente significa que los españoles visitaran Machu Picchu con frecuencia; de hecho, sabemos que el tributo de Picchu era entregado a los españoles una vez por año en el pueblo de Ollantaytambo, y no “recogido” localmente. De todas maneras, está claro que los españoles sabían del lugar, aunque no hay indicios de que apreciasen su importancia pasada. Los documentos coloniales incluso mencionan el nombre de quien era curaca (acaso el último) de Machu Picchu en 1568: Juan Mácora.1 Que se llame “Juan” indica que había sido, al menos nominalmente, bautizado, y, por tanto, sometido a la influencia española.
Otro documento34 indica que el Inca Titu Cusi Yupanqui, que reinaba entonces en Vilcabamba, pidió que frailes agustinos acudieran a evangelizar “Piocho” hacia 1570. No se conoce ningún lugar de la zona que se oiga parecido a “Piocho” que no sea “Piccho” o “Picchu”, lo que hace suponer a Lumbreras que los famosos “extirpadores de idolatrías” podrían haber llegado al sitio y haber tenido que ver con la destrucción e incendio del Torreón del Templo del Sol.
El soldado español Baltasar de Ocampo escribió a fines del siglo XVI sobre un poblado “en lo alto de una montaña” de edificios “suntuosísimos” y que albergaba un gran acllahuasi (Casa de las escogidas) en los últimos años de la resistencia inca. La descripción breve que hace de sus ambientes nos remite a Picchu. Lo más interesante es que Ocampo dice que se llama “Pitcos”. El único lugar de nombre parecido es “Vitcos”, un sitio inca en Vilcabamba completamente diferente al descrito por Ocampo. El otro candidato es, naturalmente, Picchu. No se sabe hasta hoy si se trata del mismo lugar o no. Ocampo indica que en este lugar se habría criado Túpac Amaru, sucesor de Titu Cusi y último Inca de Vilcabamba.
Tras la caída del reino de Vilcabamba en 1572 y la consolidación del poder español en los Andes Centrales, Machu Picchu se mantuvo dentro de la jurisdicción de diferentes haciendas coloniales que cambiaron varias veces de manos hasta tiempos republicanos (desde 1821). No obstante, ya se había vuelto un lugar remoto, alejado de los nuevos caminos y ejes económicos del Perú. La región fue prácticamente ignorada por el régimen colonial (que no mandó edificar templos cristianos ni administró poblado alguno en la zona), aunque no por el hombre andino.
En efecto, el sector agrícola de Machu Picchu no parece haber estado completamente deshabitado ni desconocido: documentos de 1657 y de 1782 aluden a Machu Picchu, en tanto tierras de interés agrícola. Sus principales construcciones, sin embargo, las de su área urbana, no parecen haber sido ocupadas y fueron ganadas pronto por la vegetación del bosque nuboso.
En 1865, en el curso de sus viajes de exploración por el Perú, el naturalista italiano Antonio Raimondi pasa al pie de las ruinas sin saberlo y alude a lo escasamente poblada que era entonces la región. Sin embargo todo indica que es por esos años cuando la zona empieza a recibir visitas por intereses distintos a los meramente científicos.
En efecto una investigación actualmente en curso divulgada recientemente revela información sobre un empresario alemán llamado Augusto Berns quien en 1867 no sólo habría “descubierto” las ruinas sino que habría fundado una empresa “minera” para explotar los presuntos “tesoros” que albergaban (la “Compañía Anónima Explotadora de las Huacas del Inca”). De acuerdo a esta fuente, entre 1867 y 1870 y con la venia del gobierno de José Balta, la compañía habría operado en la zona y luego vendido “todo lo que encontró” a coleccionistas europeos y norteamericanos.
Conectados o no con esta presunta empresa (cuya existencia espera ser confirmada por otras fuentes y autores) lo cierto es que es en esos momentos cuando los mapas de prospecciones mineras empiezan a mencionar Machu Picchu. Así, en 1870, el norteamericano Harry Singer coloca por primera vez en un mapa la ubicación del Cerro Machu Picchu y se refiere al Huayna Picchu como “Punta Huaca del Inca”. El nombre revela una inédita relación entre los incas y la montaña e incluso sugiere un carácter religioso (una huaca en los Andes Antiguos era un lugar sagrado).
Un segundo mapa de 1874, elaborado por el alemán Herman Gohring, menciona y ubica en su sitio exacto ambas montañas.
Por fin en 1880 el explorador francés Charles Wiener confirma la existencia de restos arqueológicos en el lugar (afirma “hay ruinas en Machu Picchu”), aunque no puede llegar al emplazamiento. En cualquier caso está claro que la existencia de la presunta “ciudad perdida” no se había olvidado, como se creía hasta hace algunos años
Las primeras referencias directas sobre visitantes de las ruinas de Machu Picchu indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras cusqueño, llegó al sitio el 14 de julio de 1902 guiando a los también cusqueños Gabino Sánchez, Enrique Palma y Justo Ochoa. Los visitantes dejaron un graffiti con sus nombres en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas que fue posteriormente verificado por varias personas. Existen informaciones que sugieren que Lizárraga ya había visitado Machu Picchu en compañía de Luis Béjar en 1894. Lizárraga les mostraba las construcciones a los “visitantes”, aunque la naturaleza de sus actividades no ha sido hasta hoy investigada.
Hiram Bingham, un profesor norteamericano de historia interesado en encontrar los últimos reductos incas de Vilcabamba oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales. Fue así como llegó a Machu Picchu el 24 de junio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana de apellido Carrasco. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar y bebían el agua de un canal inca que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la “zona urbana” cubierta por la maleza.
Bingham quedó muy impresionado por lo que vio y gestionó los auspicios de la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno peruano para iniciar de inmediato el estudio científico del sitio. Así, con el ingeniero Ellwood Erdis, el osteólogo George Eaton, la participación directa de Toribio Recharte y Anacleto Álvarez y un grupo de anónimos trabajadores de la zona, Bingham dirigió trabajos arqueológicos en Machu Picchu en 1912 hasta 1915 período en el que se despejó la maleza y se excavaron tumbas incas en los extramuros de la ciudad. La “vida pública” de Machu Picchu empieza en 1913 con la publicación de todo ello en un artículo en la revista de la National Geographic.
Si bien es claro que Bingham no descubre Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo dado que nunca se “perdió” realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. Ello pese a que los criterios arqueológicos empleados no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual, y pese, también, a la polémica que hasta hoy envuelve la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado (que consta de al menos unas 46.332 piezas) y que hasta el 2009 no ha sido devuelto al gobierno peruano.
Entre 1924 y 1928 Martín Chambi y Juan Manuel Figueroa hicieron una serie de fotografías en Machu Picchu que fueron publicadas en diferentes revistas peruanas, masificando el interés local sobre las ruinas y convirtiéndolas en un símbolo nacional. Con el transcurrir de las décadas, y especialmente desde la apertura en 1948 de una vía carrozable que ascendía la cuesta de la montaña hasta las ruinas desde la estación de tren, Machu Picchu se convirtió en el principal destino turístico de Perú. Durante los dos primeros tercios del siglo XX, sin embargo, el interés por su explotación turística fue mayor que el de conservación y estudio de las ruinas, lo que no impidió que algunos investigadores notables avanzaran en resolver los misterios de Machu Picchu, destacando especialmente los trabajos de la Viking Found dirigida por Paul Fejos sobre los sitios incas del entorno de Machu Picchu (“descubriendo” varios establecimientos del Camino Inca a Machu Picchu) y las investigaciones de Luis E. Valcárcel que relacionaron por primera vez al sitio con Pachacútec. Es a partir de la década de 1970 que nuevas generaciones de arqueólogos (Chávez Ballón, Lorenzo, Ramos Condori, Zapata, Sánchez, Valencia, Gibaja), historiadores (Glave y Remy, Rowe, Angles), astrónomos (Dearborn, White, Thomson) y antropólogos (Reinhard, Urton) se ocupan de la investigación de las ruinas y su pasado.
El establecimiento de una Zona de Protección Ecológica en torno a las ruinas en 1981, la inclusión de Machu Picchu como integrante de la Lista del Patrimonio Mundial en 1983, y la adopción de un Plan Maestro para el desarrollo sostenible de la región en 2005 han sido los hitos más importantes en el esfuerzo por conservar Machu Picchu y su entorno. Sin embargo han conspirado contra estos esfuerzos algunas malas restauraciones parciales en el pasado, incendios forestales, como el de 1997 y conflictos políticos surgidos en las poblaciones cercanas en aras de una mejor distribución de los recursos obtenidos por el Estado en la administración de las ruinas.
MACHU PICCHU, desde que fuera descubierta el 24 de julio de 1911 por el norteamericano Hiram Bingham, ha sido considerada, por su asombrosa magnificencia y armoniosa construcción, como uno de los monumentos arquitectónicos y arqueológicos más importantes del planeta.
Localizada a 2,400 m.s.n.m., en la provincia de Urubamba, departamento del Cusco, Machu Picchu (Cumbre Mayor, en castellano) sorprende por la forma en que las construcciones de piedra se despliegan sobre una loma estrecha y desnivelada, cuyos bordes un farallón de 400 metros de profundidad- forman el cañón por el que se llega al río Urubamba.
Machu Picchu, es una ciudadela rodeada de misterio porque hasta ahora los arqueólogos no han podido descifrar la historia y la función de esta pétrea ciudad de casi un kilómetro de extensión, erigida por los Incas en una mágica zona geográfica, donde confluyen lo andino y lo amazónico.
Quizás el misterio de Machu Picchu nunca sea develado del todo; hasta ahora, sólo existen hipótesis y conjeturas. Para algunos, fue un puesto de avanzada de la proyecciones expansionistas incaicas; otros creen que fue un monasterio, donde se formaban las niñas (acllas) que servirían al Inca y al Willac Uno (Sumo sacerdote). Esto se presume porque de los 135 cuerpos encontrados en las investigaciones, 109 fueron de mujeres.
La sorprendente perfección y belleza de los muros de Machu Picchu – construidos uniendo piedra sobre piedra, sin cemento ni pegamento- han hecho surgir mitos sobre su edificación.
Cuentan que un ave llamada Kak`aqllu, conocía la fórmula para ablandar las piedras, pero que por un mandato, quizás de los antiguos dioses incaicos, se le arrancó la lengua. También se dice que existía una planta mágica que disolvía la roca y podía compactarla.
Pero más allá de los mitos, el verdadero encanto de Machu Picchu, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, está en sus plazuelas, en sus acueductos y torreones de vigilancia, en sus observatorios y en su Reloj Solar, evidencias de la sabiduría y la técnica de los constructores andinos.
Porque La Ciudadela de Machu Picchu es una de las mayores obras arquitectónicas Inkas, por haber sido construida en un lugar que significa encarar las mayores dificultades topográficas; pero gracias a esta agreste e inaccesible zona, la ciudadela goza de unos extraordinarios paisajes. Hoy es universalmente conocida, tanto por sus imponentes ruinas, como por su incomparable ubicación, al borde de un abismo en cuyo fondo corren las tormentosas aguas del río Urubamba.
!Machu Picchu es simplemente Espectacular¡ El viaje en tren dura mas o menos 3 horas y media, uno esta tan ansioso de llegar que el tiempo vuela. La vista desde el tren es preciosa la vía corre a través de las montañas que rodean el paraje. ¡Increíble! Llegará a Macchu Picchu Pueblo (la ultima parada) allí encontrará un bus que lo llevará a la mágica ciudad de Macchu Picchu. Algunos prefieren caminar (uno ¡tiene que estar en buen estado físico), para entrar a través de un portal de piedra y quedarse sin aliento mientras observa la magia que lo transportará a través del tiempo hasta la época de los inkas.
Pase la noche en Macchu Picchu Pueblo (si puede) de esta manera se podrá levantar muy temprano, subir a la ciudadela y observar la salida del sol. Recuerde que los inkas lo adoraban y reverenciaban, por eso muchos de los templos están en la cima de las montañas y sus construcciones se orientan hacia el sol.