El aumento de la esperanza de vida y el incremento de la presión arterial (PA) con la edad están ocasionando que la hipertensión arterial sistémica sea uno de los principales motivos de consulta de la población geriátrica en la práctica médica, así como uno de los mayores problemas de salud pública (1).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó, recientemente, que la Hipertensión Arterial (HTA) es la causa más común de muerte prevenible en los países desarrollados. Por otro lado, el principal factor de riesgo de muerte cardiovascular asociado a hipertensión en la población general es la edad. La hipertensión constituye el principal factor de riesgo de la enfermedad cerebrovascular y uno de los principales de la enfermedad coronaria en los ancianos.
Datos epidemiológicos demuestran que la principal causa de pérdida funcional, con impacto nefasto en la calidad de vida y sobrecarga de uso de los servicios sanitarios y sociales, y de muerte de los ancianos son las complicaciones de la HTA (2).
La peculiaridad de la HTA en el anciano no puede ser tan sólo explicada por la alta incidencia y prevalencia de esta enfermedad en las edades más avanzadas, sino también por la complejidad clínica relacionada con la presencia de distintos grados de comorbilidad y discapacidad, de polifarmacia, con mayor riesgo de efectos adversos, estado social y fragilidad característicos en esta población (3).
Todos estos factores contribuyen a definir una entidad distinta a la observada en los adultos más jóvenes, que requiere un manejo terapéutico más complejo y global, resultado de la valoración geriátrica integral (VGI) (4).
Este estudio mostró que a partir de la cuarta década de la vida la posibilidad de desarrollar hipertensión es mayor en la costa.
En la mayoría de los casos, la causa de la HTA es desconocida. Hablamos entonces de “HTA esencial, primaria o idiopática”. En ésta, la elevación de la PA se produce sobre todo por una elevación de las resistencias periféricas por vasoconstricción. Este tipo de HTA constituye probablemente un conjunto de distintas alteraciones en las que se incluyen factores hereditarios (herencia multifactorial) y ambientales. Dentro de los factores ambientales destaca el elevado consumo de sal en la dieta, relacionado probablemente no sólo con el contenido en sodio, sino también con el de cloro; no obstante, no todos los hipertensos esenciales son sensibles a la sal. Otros factores ambientales pueden ser el bajo contenido de potasio, calcio y magnesio en la dieta, un elevado consumo de alcohol, dieta con bajo contenido en ácidos grasos poliinsaturados, la obesidad, el estrés, el sedentarismo, etc. Además, hay algunos factores que se asocian a una mayor repercusión orgánica de la HTA, como el tabaquismo, la hipercolesterolemia, la intolerancia hidrocarbonada, el sexo masculino, la raza negra, la aparición en edades jóvenes, etc. Los niveles plasmáticos de renina en la HTA esencial suelen ser normales, pero pueden encontrarse aumentados o disminuidos.
Otras veces, la HTA es debida a patologías orgánicas concretas, y hablamos entonces de “HTA secundaria”. Por lo tanto, antes de etiquetar una HTA como esencial, deben excluirse mediante distintas pruebas diagnósticas las diferentes causas de HTA secundaria. La HTA secundaria es más probable cuando la HTA aparece antes de los 30 años o después de los 50. Enfermedades causantes de HTA secundaria:
La mayoría de estas causas cursan con HTA sistólica y diastólica, aunque algunas pueden ser causa de HTA sistólica aislada, como la arteriosclerosis de grandes vasos, la insuficiencia aórtica, la persistencia del conducto arterioso, las fístulas arteriovenosas, los aumentos del volumen sistólico, el hipertiroidismo, etc.
En los ancianos la HTA tiene mayor prevalencia que en el resto de los grupos de edad, y tiene peculiaridades como un gasto cardíaco menor y unas resistencias periféricas superiores, una disminución de la elasticidad de las grandes arterias, una elevada frecuencia de HTA sistólica aislada, una menor actividad de renina plasmática, y una mayor prevalencia de hipertrofia ventricular izquierda y de hipertensión secundaria a enfermedad vascular renal.